
Me da gusto comprobar en los blogs que aun sigo que el ciudadano virtual parece empezar a madurar, a adquirir responsabilidad y modestia, tanto bloggers como comentaristas. Fíjense por ejemplo como hemos desarrollado una meritoria paciencia con los late-comers y los incorregibles. Pero hay sutilezas en el comportamiento virtual que todavía se nos escapan. Como pedir perdón, por ejemplo, cuando al cabo resulta que nuestra posición en debates anteriores no fue la correcta, aunque nos parezca tan sencillo creer que nuestros viejos errores escritos al vuelo en posts antiguos se harán invisibles bajo las telarañas. Ah, que la memoria perfecta de google nos recuerde cada día que no lo serán.
Hoy me siento a releer algunos posts del 2007 que tal vez ahora no habría escrito, y a veces no sin cierta punzada de vergüenza me observo que ciertamente, he evolucionado como persona – ojalá pueda volverlo a decir dentro de diez años, y que el momentum y los deseos no se me agoten. Cada vez publico menos porque, es la verdad, en la vida hay decenas de cosas más importantes que bloguear, y desde China ustedes saben, tampoco lo tengo muy fácil. Pero A la orilla del guaso sigue siendo mi primogénito mimado, y aunque ya nunca miro el contador de visitas, y la mayoría de mis fantasmas en estos cinco años ya los he purgado por escrito, y aunque tenga que usar vpn para publicar aquí no pienso dejarlo caer.
Alejándome de las campañas mediáticas, que para eso los grandes periódicos no nos necesitan, y celebrando los triunfos de los estudiantes colombianos, la linda música brasilera y argentina, las pelis que nos renuevan, los logros de la comunidad lgbt en los países menos bárbaros, contándoles mis impresiones y experiencias bizarras en este país tan raro (esas vienen pronto) a la vez que razono tranquilamente sobre los tristes tópicos que no nos abandonan en este mundo sobrepoblado que sigue estando tan jodido y que ninguno de nosotros va a arreglar.
Esos que insistan en acompañar en el camino, siguen siendo bienvenidos en este espacio y en mi corazón. Abrazos.
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