jueves 4 de agosto de 2011

Mondrian

Al principio hay un pintor con los ojos cerrados. El recuerdo de un árbol, que no se engañen, se recuerda como los ojos lo han visto, como las manos lo han recorrido, como la tierra los pare. Al principio hay un árbol que quisiera ser árbol en el campo, árbol en la foto.

Pausa.

Después hay un lienzo. Y un pintor que abre las ramas del árbol buscando el color blanco que hay detrás. Un árbol que va apareciendo no como objeto sino como acepción, como palabra, como respuesta a alguna pregunta. Luego este árbol querrá volar, querrá abrirse y ser más que árbol, quizás pájaro, viento, más que líneas y colores.

Pausa extensa.

Regreso y hay un cuadro afectado por la gravedad. Las antiguas hojas han caído y yacen amarillas en la base. El cielo es más azul donde hay árbol. Donde no hay el cielo languidece.

Ahora el árbol se ha fundido con el cielo. Las hojas se han fundido con el tallo. El blanco se ha fundido con el azul y el gris. El suelo se ha fundido con el árbol y solo quedan tres líneas verticales. Tres líneas que se curvan al llegar al cielo.

Pausa de 40 años.

Un pintor geométrico que se ha obsesionado por las líneas verticales y horizontales. Nuestro árbol ha mutado en cuadros amarillos, azules y rojos. Es un árbol rectangular, un árbol abstracto, que nadie podría imaginar que fue árbol alguna vez.

0 comentarios:

Comenta con un click!!